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Keith Bell

A la edad de 11 ó 12, fui víctima de abuso sexual por parte de un muchacho mayor que yo. Así comenzaron muchos años de autogratificación, que más tarde me llevarían al mundo oscuro de la homosexualidad.

Acepté a Cristo a la edad de 23, pero mantuve muy en secreto mis deseos homosexuales. Sabía que Dios lo sabía, y una y otra vez le pedí que quitara de mí esos deseos de procurarme autosatisfacción. Muchas veces intenté dejar mis costumbres pecaminosas, sólo para volver a caer en cuestión de una o dos semanas.

A la edad de 24 me casé. Pensaba que el matrimonio le pondría fin al pecado que me tenía atrapado, pero no fue así, y por los próximos 29 años le oculté todo a mi esposa, a mi familia y a mi iglesia.

El 27 de agosto del año 2004 llegué al límite. No podía controlar mis deseos de ver pornografía homosexual, ni dejar de autogratificarme, siempre pensando en encontrar a alguien con quien establecer una relación sexual. Al fin me puse a buscar en Internet, y fue así que me encontré el web de "Libertad a los Cautivos".

Enseguida que terminé la primera lección del curso "Puerta de Esperanza", supe que éste era el lugar que me conduciría a alcanzar la gracia de Dios, así como obtener la forma de neutralizar esos apetitos que me consumían el alma. ¡Por fin había esperanza!

"Puerta de Esperanza" me conectó además con un mentor que pasó por lo mismo que yo. Mi mentor siempre me impartió ánimo con sus respuestas a mis preguntas y correos electrónicos. Sus oraciones, y las de las otras personas involucradas con "Libertad a los Cautivos" surtieron efecto en mí día tras día.

"Puerta de Esperanza" me enseñó la verdad sobre quién soy: un hijo de Dios. Aprendí que ese vacío que había en mi alma nunca se podría llenar con prácticas homosexuales, sino solamente con el Agua Viva que Dios ofrece. Aprendí a traer mis pecados a la luz, confesándoselos a mi esposa y a mi pastor. Aprendí un plan de batalla y a prepararme cada día con la armadura de Dios. Pero sobre todo, aprendí a quebrantarme ante la presencia del Señor, para permitir que Su gracia me sane.

Tenemos un Dios maravilloso y todopoderoso, que está en control de mi vida.

Keith Bell

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