| Testimonio de Karen Abbott |
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¡Mi mentora es Pauline D! ( ¡Qué bendición! ) Nunca pude imaginarme que a alguien se le ocurriera pensar que pudiera existir para mí otra clase de vida distinta. Nací homosexual, y sencillamente no puedes cambiar lo que eres. Esa manera de pensar dominó mi vida hasta los 34 años; pero, como descubrí después: "hay vida más allá de la homosexualidad". Desde mis primeros años de vida ya yo había rechazado mi identidad femenina. Mis pensamientos giraban alrededor de ser varón. A la edad de 3 ó 4 años fui víctima de abuso sexual. Cuando fui adolescente mantuve una relación sexual con otra chica. Me casé a los 18 años, pensando que con eso ‘se arreglaría todo’, y me divorcié a la edad de 22, por no poder soportar una forma de vida que no era compatible con mi forma de ser. Desde ese momento y hasta los 34 años de edad me sumergí en el estilo de vida lésbico, creyendo que al fin había abrazado mi verdadera identidad. Durante varias etapas de mi vida busqué a Dios, pero nunca pude encontrar nada que me diera plena satisfacción. Cuando estaba en la escuela primaria, mi familia asistía a una iglesia conservadora y de base bíblica, pero después nos cambiamos para otra denominación más liberal, en mi etapa adolescente. En una ocasión fui a hablar con el pastor para contarle lo desilusionada que me encontraba con la iglesia, y que anhelaba conocer a Dios. Tenía un hambre tremenda de Dios en mi alma. La respuesta del pastor fue ésta: "Yo también estoy desilusionado, y quisiera saber si de veras Dios existe". Probé diferentes religiones, así como varios grupos de ‘autoayuda’ y por un tiempo asistí a una iglesia de homosexuales. Pero nada pudo llenar el vacío interior. Cada una de las relaciones que sostuve me dejó con una sensación de que ‘me faltaba algo’, y seguí siempre buscando ese ‘algo más’. Había estado ya por mucho tiempo huyendo de Dios y al mismo tiempo buscándolo, hasta que una noche a finales de octubre de 1979, caí de rodillas y le supliqué a Jesucristo que interviniera en mi vida. Esa noche mi corazón cambió y el Señor me abrió los ojos, porque de pronto supe que no ‘había nacido homosexual’ como había creído hasta entonces. No fue un camino fácil. Han habido muchas áreas de mi vida con las que he tenido que luchar, al lado de Dios. He aprendido que "ser libres del vicio" y "ser tentado" son dos aspectos distintos e independientes el uno del otro en esta vida nueva. He encontrado la libertad a través de la vida de Cristo Jesús en mí, pero también he experimentado tentaciones, pruebas y vicisitudes que Dios usó para probarme y fortalecer mi fe en Él. Creo que un número de factores me prepararon el camino de vuelta al Señor: Por diez años yo me había arrodillado ante un altar, agonizando y pidiéndole a Dios que me aceptara, pero sin embargo no le había entregado mi vida a Él. Por un tiempo viví una especie de vida semicambiada, pero sin estar dispuesta a dejar la vida de lesbianismo, lo cual me impidió poder desarrollar la relación íntima y estrecha que Dios quería tener conmigo, hasta que finalmente aquellos cambios parciales terminaron por desaparecer, y me vi esclavizada y consumida más que nunca antes en mi pecado. En otra ocasión, un amigo con quien yo trabajaba puso en duda mi concepto de lo que era "creer", ya que yo profesaba ser cristiana y creía que Jesucristo había muerto en la cruz por mis pecados y que resucitó de entre los muertos. Mi amigo me dijo que si yo de veras creía, entonces confiaría ciegamente en Cristo con todas las fuerzas de mi alma, y no me limitaría a simplemente "creer" con la mente. Al principio pensé que mi compañero era un extremista; pero sus palabras se me quedaron en la mente, asediándome por más de 3 años, hasta el día que genuinamente le entregué mi vida al Señor Jesucristo. Además, tenía una madre que oraba continuamente por mí, y creía que Dios podía salvarme y transformarme. Mi madre también se había conseguido otros guerreros de oración que intercedieran por mi salvación. Dios nos ha provisto de todo lo necesario para vivir la vida cristiana, pero tenemos que buscarlo a Él y recibir al Señor Jesucristo en nuestras vidas, para abrir el camino. Tenemos que considerar el precio y entregarnos total y completamente a la voluntad de Dios. Hay un precio que pagar, pero ningún precio es demasiado alto cuando de encontrar la Vida Eterna se trata. Por nada del mundo cambiaría yo la vida que tengo ahora por mi "vida antigua". Soy un ejemplo vivo de lo que el Apóstol Pablo dijo, en 1ª de Corintios 6: 9 – 11: "¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales (sodomitas), ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de nuestro Dios". Proclamo con alegría que una vida entregada a Jesucristo puede cambiar. Por mis propios esfuerzos nunca lo hubiera logrado, pero el Señor ha hecho lo que parecía imposible. Soy una nueva criatura en Cristo Jesús, y Él me ha liberado de muchas malas cosas. Ya no existe aquel vacío que sentía en mi alma, porque siempre y cuando permanezca yo en Cristo, Su paz y gozo llenan y rebosan mi existencia. Aquella mal llamada ‘felicidad’ de mi vida anterior no se puede comparar ni remotamente con la que disfruto ahora, pero tuve que estar dispuesta a hacer de Cristo mi Salvador y Señor, y dejarlo todo atrás para seguirlo a Él. He sido transformada por el poder de Cristo Jesús. Él es mi vida, y vivo para Él. ¡Nadie nunca satisfizo mis necesidades, ni me ha amado como Él me ama! ¡Cuán poderoso es el Dios a quien sirvo! En el libro de Génesis encontramos la historia de José, a quien se le dio una túnica de diversos colores que lo distinguía de sus hermanos. Pero esa túnica de colores le costó muchísimo. Le costó cada relación familiar cercana que tenía. José fue rechazado, malentendido y perseguido, además de sufrir escarnio. GÉNESIS 37:4 nos dice que todos sus hermanos lo odiaban; sin embargo, muchos años después vino una gran hambre, y durante esa época fue José quien les facilitó a sus hermanos la forma de salvar la vida. Hoy mi vida está en las manos del Señor, y estoy comprometida a dejar que Él me utilice para mostrarles a otros el camino y los recursos que únicamente Cristo nos puede dar... No hay nadie comparable a Él... Cristo es en verdad mi Salvador y Señor... ¡Hoy vivo solamente para Él! En agosto de 1992 recibí la bendición de tomar el curso "Puerta de Esperanza" con el ministerio "Libertad a los Cautivos" y eso le ha infundido más poder a mi andar en Cristo... ¡Bendito sea al nombre de mi Dios Todopoderoso!... ¡JEHOVÁ DIOS REINA! y sólo Él es digno de la gloria y la alabanza. Permita el Señor que nuestras vidas le glorifiquen, y que seamos útiles para llevar a otros hacia el Reino de Dios. ¡...Y ESTO ERAIS ALGUNOS, PERO YA HABÉIS SIDO LAVADOS, SANTIFICADOS Y JUSTIFICADOS EN EL NOMBRE DEL SEÑOR JESÚS, Y POR EL ESPÍRITU DE NUESTRO DIOS! Karen Abbott |